Esta vez no voy a recordar cosas del pasado sino algo que me ocurrió hoy, 30 de octubre de 2012. Resulta que por estas fechas me invade una inevitable tristeza, imposible de remediar. Así pues, salí de casa temprano para despejar la mente y caminar así, sin rumbo. A una cuadra de mi casa está el mar, con su largo y vistoso malecón. En uno de los acantilados está un centro comercial, y para llegar a él hay que caminar por un parque. Pues bien, esta mañana por todo ese parque de ingreso estaban decenas de muchachos (chicas y chicos) en patines, con polos (camisetas) rojas, que llevaban en la mano globos rojos con la propaganda de un conocido supermercado que acaba de abrir una tienda en el centro comercial.. A cada persona que pasaba le entregaban un globo con una enorme sonrisa, que por supuesto la gente agradecía de igual forma. Entonces el parque era un mar de globos rojos, sobre el ondulante mar. Algunos globos se habían soltado de la cuerda y volaban por el aire libremente. Mi tristeza se fue con cada globo rojo. Ahí van, al cielo directamente. Alguien los recibirá.

